El camino hacia la Economía Circular: La situación actual en Argentina – Dr. Luis F. Stello

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1. Introducción

En las últimas décadas, el mundo ha vivido un fuerte crecimiento económico y ello, ha causado como consecuencia un aumento en el consumo de bienes y servicios. Esto se debe, entre muchos factores, al sistema de producción llamado “take-make-waste” (extraer-fabricar-consumir-eliminar); que impera en la actualidad y que, básicamente, consiste en la extracción de recursos naturales para luego producir bienes, que luego son vendidos, consumidos y desechados como basura por los usuarios y consumidores.

Este modelo de producción también se relaciona con la expresión “cradle to grave” (de la cuna a la tumba), que pregona que el ciclo de vida útil del producto y/o bien termina cuando los mismos son desechados por los consumidores; una vez que ya no satisfacen más sus necesidades.

Si bien este paradigma ha contribuido al desarrollo económico de pueblos y naciones del mundo, lo cierto es que en la actualidad hay fuertes cuestionamientos al modelo de producción lineal debido a la fuerte presión que ejerce sobre el ambiente y los recursos naturales; ya que promueve la idea de un crecimiento infinito en un planeta finito, que tiene bienes naturales limitados y que se regeneran a un ritmo muy inferior al de su extracción y consumo.

En esta línea, es muy probable que el panorama mundial se agrave, ya que la clase media global se multiplicará más que por dos de aquí a 2030, hasta alcanzar prácticamente los 5 mil millones de personas que se sumarán a los hábitos del consumo[1].

Como vemos, este modelo de producción lineal puede causar graves consecuencias en el ambiente y ecosistemas de nuestro planeta, y es por ello que se creó un sistema de producción sustentable y sostenible que se basa en la reutilización de los residuos. Es decir, la vida útil del producto ya no termina más con su desecho, sino que una vez descartados, los productos pueden ser reutilizados para crear otros nuevos.

Este nuevo modelo promueve la transformación de la actividad económica y fomenta el paso del enfoque de producción lineal al circular, de manera tal que diseñen nuevos modelos de producción integral que al momento elaborar productos tengan en consideración variables ambientales, reduzcan al mínimo sus emisiones de carbono, produzcan bienes reutilizables y sean socialmente inclusivas.

Este nuevo modelo se denomina “economía circular” y tal como veremos en el siguiente capítulo, se conceptualiza como un sistema regenerativo -que tiene como centro de filosofía, el respeto por los seres vivos- que simula los ciclos de la naturaleza en la que los “desechos” de una especie terminan siendo el “alimento” de otra y así sucesivamente.

La importancia de este nuevo modelo de producción y las consecuencias sociales y ambientales que este genera, conlleva la necesidad de regular su actividad y desarrollo.

En este sentido, hay muchos países que ya han trazado los lineamientos y reglas dentro de las cuales debe regirse esta nueva actividad industrial. En este sentido, en el presente trabajo, veremos cuál es la regulación actual de la economía circular en nuestro país; para luego analizar en donde estamos parados hoy en día y cuáles serán los próximos desafíos que Argentina deberá afrontar en materia de sustentabilidad.

 

2. ¿Qué es la economía circular?

La economía circular es un modelo que pretende modificar y/o generar nuevas maneras de producir y consumir bienes y servicios. Un modelo más sustentable, que hace más eficiente la utilización de materiales, energía y recursos naturales. A su vez, este nuevo paradigma intenta preservar las reservas naturales y reducir las emisiones de gas invernadero (en adelante, “EGI”); y en consecuencia, proteger la biodiversidad del planeta y los distintos ecosistemas que existen en el mismo[2].

El nuevo movimiento de producción circular nace en la década del 70´, cuando un grupo de empresarios, profesores universitarios y líderes políticos se reunieron para repensar el sistema de producción vigente hasta entonces. Sin embargo, fue recién en la década de 1990 que estas ideas y reflexiones sobre el sistema productivo de ciertos países, empezaron a cobrar fuerza y ser analizadas masivamente.

Así por ejemplo, en 1970, el profesor John T. Lyle (Universidad de Pomona, California) retó a sus alumnos a que pensaran -y encontraran una solución hipotética al problema- cómo una comunidad de habitantes podía realizar sus actividades cotidianas sin utilizar más de los recursos renovables disponibles. De sus enseñanzas nació el concepto de “Diseño Regenerativo” que, básicamente, implica que los procesos productivos -a partir de la agricultura- regeneren continuamente las fuentes de energía y recursos que necesitan para funcionar[3].

Luego, en 1976, Walter Stahel (reconocido arquitecto y economista suizo) planteó la idea de una economía de bucles cerrados -lo que hoy se conoce como economía circular- y las consecuencias positivas que la misma podía traer a las sociedades venideras; como la creación de empleo, competitividad económica, ahorro de recursos y prevención de residuos.

Pero como señalé anteriormente, el modelo de economía circular como tal, fue adquiriendo más fuerza recién en la década de los 90´. En estos años, aparecieron propuestas como las de Robert Frosch y Nicholas Gallopoulos, quienes en su artículo “Strategies for manufacturies” plantearon un nuevo enfoque del diseño industrial en el que los productos y procesos productivos utilicen recursos de manera más eficiente, que mejoren la calidad de vida humana y ambiental y que, fomente, la inclusión social.

Ahora bien, más allá de las distintas escuelas y/o propuestas a partir de las cuales surgió la economía circular, lo cierto es que en este nuevo modelo de economía se pregona que los recursos se regeneren dentro de su propio ciclo biológico y/o se recuperen gracias al ciclo técnico. Es decir, que se puedan introducir nuevamente a la naturaleza -en el caso de aquellos con ciclo biológico- o bien, que puedan ser ensamblados y desmontados muchas veces y que, con ello, se puedan reutilizar.

Sin duda, uno de los desafíos más importantes para la economía circular es tratar de borrar la idea del desarrollo productivo basado en recursos finitos -modelo lineal- y generar una transformación estructural en los medios de producción, cadenas de suministro y en la cultura y hábitos de los usuarios y consumidores en todos los países del mundo.

Llegado a este punto y más allá de las propuestas innovadoras que trajo el modelo de economía circular, no menos importante son las normas que los distintos países deben legislar a los efectos de que los agentes económicos tengan reglas claras de cómo producir y que responsabilidad les cabe a la hora de llevar adelante estos nuevos procesos productivos.

En este contexto, muchos países han regulado este nuevo modelo con normas de avanzada que han facilitado el desarrollo de estos procesos productivos, generando una recuperación en el ambiente e inclusión laboral con nuevos puestos de trabajo. A continuación veremos el caso argentino.

3. El modelo de economía circular en Argentina: el marco regulatorio actual

Argentina no está ajena a los avances y debates dados en los últimos años respecto al modelo de economía circular y el desarrollo en materia productiva. Si bien, en mi opinión, la promoción y fomento de programas que potencien la economía circular en el país depende en gran medida del Estado nacional; el sector privado y el tercer sector también resultan ser agentes importantes para transformar y cambiar el paradigma de producción lineal al circular.

Hoy, nuestro país se encuentra en un proceso de transición hacia la economía circular; y me refiero a transición y no a una realidad porque todavía quedan muchos pasos por dar para garantizar reglas de juego claras para aquellos que se encargan de utilizar este modelo productivo.

Sin embargo, y pese a que todavía no se ha sancionado una ley respecto a este tema -sobre lo que me expediré más adelante-, se han adoptado ciertas acciones y/o políticas públicas para fomentar este paradigma sustentable y sostenible.

Por ejemplo, el Estado nacional -a través del entonces Ministerio de Desarrollo Productivo- dictó la Resolución 767/2021 mediante la cual creó el “Programa para el Desarrollo de la Economía Circular” a fin de fortalecer la capacidad productiva de aquellas Pymes que se dedican utilizar este modelo de producción sustentable. Este programa tiene objetivos y acciones concretas a adoptar en favor de las Pymes para que puedan reutilizar materiales en sus procesos productivos (de conformidad con lo contemplado en su art. 2 y 3). Además, alienta la de investigación y desarrollo, en articulación con organismos del sistema científico tecnológico y con programas de apoyo financiero del Estado.

Por otra parte, el Congreso sancionó el día 13/5/2021 la Ley de Educación Ambiental integral, que resulta ser imprescindible para la economía circular. En esta línea y si bien los actores económicos resultan importantes para la transformación del modelo productivo, los usuarios y consumidores resultan elementales para que ese cambio tenga resultado. La educación de la sociedad en materia ambiental y, en particular, con relación a la necesidad de preservar los recursos naturales y ecosistemas existentes, resulta fundamental para que el proceso de transformación productiva sea completo.

De poca utilidad servirían las políticas públicas y programas para cambiar la realidad productiva con relación al ambiente,  si las personas que componen nuestra sociedad no saben por qué hay que separar la basura, por qué hay que tener un consumo eficiente de recursos, por qué hay que preservar ciertos ecosistemas naturales. Por eso la Ley de Educación Ambiental Integral tiene un rol fundamental en este proceso.

En otro orden y en cuanto a las energías limpias, desde el año 2006 está vigente la Ley 26.093 de Biocombustibles; en el año 2015 comenzó a regir la Ley 27.191, modificando la Ley 26.190 “Régimen de Fomento Nacional para el uso de Fuentes Renovables de Energía destinada a la Producción de Energía Eléctrica”, con el objeto de lograr para 2018 que todos los consumidores tengan un 8% de su energía proveniente de fuentes renovables y el Poder Ejecutivo de la Nación promulgó, a través del decreto 1075/2017, la Ley 27.424 de “Régimen de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable Integrada a la Red Eléctrica Pública”.

Muchas son las leyes que se han sancionado y publicado en pos del modelo de producción circular. Sin embargo, nuestra mayor deuda hoy sigue siendo una Ley Nacional de Economía Circular. Hoy en día, el Congreso se encuentra tratando el proyecto de ley presentado por el Senador Juan Mario Pais. Lamentablemente, este proyecto aún no tiene dictamen en su comisión y si sigue sin ser tratado en este año, perderá su estado parlamentario.

Este proyecto, parece ser una buena iniciativa, ya que por ejemplo, entre muchas cosas, consagra el principio de responsabilidad extendida del productor; que implica que la responsabilidad del productor se extiende a la etapa de posconsumo. Este principio parece haber sido una herramienta de gestión que dio impulso al sistema en aquellos países en los que se la incluyó, como por ejemplo en Colombia, Brasil, Chile y otros países de América Latina.

Sin perjuicio de la laguna legal que existe en materia de economía circular a nivel nacional, si hay que destacar que en la Ciudad de Buenos Aires si se ha legislado debidamente. Así, la Ley 6468 contiene artículos interesantes como el 10 que da lugar a la participación ciudadana, o el 9 que establece que debe haber ciertos lineamientos dentro de la estrategia de economía circular. Sin mencionar que esta ley contempla el principio de responsabilidad extendida del productor.

En este sentido, esta norma local intenta coordinar políticas sectoriales para lograr una transición gradual a un modelo económico circular; obviamente, sin perjudicar al sector privado que es el que en definitiva debe plasmar el cambio.

Llegado a este punto, vemos que Argentina viene transitando un camino hacia el cambio de modelo de producción y preservación del ambiente y recursos naturales. Ahora bien, en este camino todavía queda mucho por recorrer debido a que, como se expuso anteriormente, todavía algunas normas y políticas públicas no se han impulsado. El planeta vive hoy una crisis profunda en materia de generación de materia prima y contaminación, y deben ser los distintos actores sociales los que deben tomar conciencia de esta situación si queremos seguir produciendo bienes, empezando por los Estados nacionales.

Esperemos que los próximos años, la agenda en materia ambiental en el gobierno sea más  agresiva y se pueda asegurar mejorar la calidad de vida y económica tanto para nuestra generación como para las futuras.

4. Conclusiones

A lo largo de este trabajo se analizaron ciertas legislaciones que avanzan hacia un cambio de paradigma: de la economía línea a la economía circular. El modelo lineal de producción vigente durante los últimos 50 años ha ocasionado el agotamiento de los recursos naturales, con la pérdida generalizada de los ecosistemas e ignorando a muchas personas que además de vivir en condiciones de pobreza dependen directamente de ellos.

Por lo tanto, desde la comunidad científica, la sociedad civil, las empresas y los Estados se avanza hacia un nuevo sistema económico ecológicamente racional, ecoeficiente e inclusivo, actuando sobre las causas fundamentales de los desequilibrios. Frente al deterioro ambiental y al derroche de los recursos naturales, emerge un modelo económico alternativo denominado economía circular que propone la reutilización de los recursos imitando los ciclos de la naturaleza y reduciendo al mínimo los desechos.

Si bien el panorama en esta materia es alentador en nuestro país, debemos acelerar el tratamiento de proyectos de ley presentados en el congreso, como los de eficiencia  energética, plástico de un solo uso, evaluación de impacto ambiental y muchos otros que han sido paralizados en sus comisiones respectivas en el parlamento.

Los próximos años resultarán fundamentales para ver si Argentina realmente avanza hacia la circularización de su economía, o bien se estanca en un modelo productivo que hace daño a nuestro plantea desde hace mucho tiempo. Esperemos que nuestros legisladores estén a la altura y se den cuenta que este cambio es una necesidad imperante que debe satisfacer el país para poder progresar y crecer económicamente sin dañar el recurso más valioso de producción: el planeta.

Luis F. Stello Abogado. Magister en Derecho y Economía.

 


[1] Adriana Norma Martínez y Adriana Margarita Porcelli, “El desafío del cambio económico: la economía circular y su excepción en las diferentes legislaciones y en la normativa voluntaria” “Pensar en Derecho N° 13”, UBA, pág. 133.

[2] Cecilia Di Santo, Luis Martínez, Eduardo Rodríguez, Andrea Burucua, Rosana Iribarne, Laura Maffei y Teresa Malalán, “Manual: Gestión integral de RAEE. Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, una fuente de trabajo decente para avanzar hacia la economía circular”; 1 ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación; Oficina de País de la Organización Internacional del Trabajo para Argentina , 2020. Pág. 27.

[3] John T. Lyle, “Regenerative Design for Sustainable Development”. New York. Wiley and Sons. New York, 1994.