El desafío de la educación (y de los docentes) en tiempos de ChatGPT. – Mg Adriana H Narváez

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En los últimos meses se ha vuelto un tema recurrente la inteligencia artificial.

Junto con el metaverso, las criptomonedas, internet de las cosas, los NFT´s y la realidad virtual y aumentada, se ha transformado en un concepto del que todos hemos escuchado, hablamos y no necesariamente, aún, comprendemos en su totalidad porque, además, la escalabilidad del mismo (otra de las palabras en auge) es enorme.

Así las cosas, en todos los sectores y ámbitos estamos sintiendo que no podemos “quedarnos afuera” de estas innovaciones porque eso sería quedar completamente relegados.

Todas las organizaciones quieren estar en el metaverso y/o participar de plataformas basadas en inteligencia artificial y quienes las dirigimos (en el sector que sea, repito) nos desesperamos por ello, sin todavía tener una cabal idea del para qué y el cómo.

Pero más allá de esta realidad, no podemos desconocer estos avances que no sólo representan el futuro sino ya el presente.

En este contexto la educación formal se está viendo avasallada por nuevas dinámicas y las instituciones se están adaptando tal vez más rápido que lo que lo que lo están haciendo los programas académicos.

De esta manera hoy nos encontramos con distintas tecnologías que pueden (y entiendo yo, harán) que tengamos necesariamente que modificar desde las instituciones educativas nuestros enfoques en relación a cómo encaramos los procesos de enseñanza.

Entre ellas, particularmente, quiero hacer referencia al ChatGPT, una de las más conocidas, por ahora, de las alternativas de modelos de lenguaje basados en inteligencia artificial.

Los bots de chat como el de la empresa OpenAI funcionan con grandes cantidades de datos y técnicas informáticas para hacer predicciones uniendo palabras y armando frases de forma coherente y lógica.

No sólo aprovechan una gran cantidad de vocabulario e información sino que también “comprenden” palabras en contexto. Esto hace que puedan imitar los patrones humanos de armado de oraciones y frases y de ahí que sean tan sorprendentes.

Como mencioné anteriormente, no estamos hablando de algo que vendrá sino que ésta ya es una realidad instalada entre nosotros y, al menos por ahora que está en una fase aún de prueba, incluso es de acceso gratuito.

Entonces, algunas de las preguntas  que surgen como participantes del sistema educativo son: ¿Cómo llevar adelante la dinámica de enseñanza ante la realidad de la posible utilización de esta herramienta para la elaboración de trabajos?, ¿Nos quedamos en la queja alarmándonos por las posibles copias  o nos planteamos, en serio, una nueva forma de encarar la enseñanza y, sobre todo, la evaluación? (que, por otra parte, no es más que una etapa de todo el proceso).

La inteligencia artificial (al menos por ahora) no puede generar opiniones propias, tiene una relativa capacidad de comparar y mucho menos puede discernir en cuanto a valoraciones.

Está muy claro, entonces, que es eso lo que debemos fomentar en los estudiantes, además claro, de ser una gran oportunidad para  poner en la mesa el factor ético de hacer pasar por propio algo que no lo es.

Pero también, como mencionaba, está la posibilidad de entender que utilizando una herramienta como esta se pueda trabajar sobre los otros puntos.

En realidad, siempre el proceso de aprendizaje  debió haber estado centrado en brindar herramientas para generar pensamiento crítico, discernimiento y producción a partir de lo planteado,  pero ya hoy y, especialmente en el futuro, será determinante.

Con el avance cada vez más intensivo de las tecnologías, ya no importa sólo la elaboración en si de un texto, sino cuáles son las conclusiones que podemos obtener de lo que allí se plantea. Qué comparaciones y relaciones podemos realizar desde esa base.

Una nueva dinámica está entre nosotros desde hace ya tiempo y no podemos seguir funcionando (en ningún aspecto) con los viejos patrones. Estamos, de alguna manera, actuando de forma analógica en un mundo cada vez más digital y, en mi opinión, la solución no pasa por “borrar” de nosotros esas habilidades analógicas sino por el contrario potenciarlas, pero entendiendo que el escenario cambió y, por ende, las herramientas que debemos utilizar e incorporar, también.

Sólo así, realmente estaremos ayudando, cada uno en el rol que tengamos en los procesos de aprendizaje, a conseguir que éstos se puedan llevar adelante y, además, que  sea de una forma realmente interesante, útil y logrando preparar a los estudiantes (especialmente los de nivel superior) para una inserción o desarrollo exitoso en un ámbito laboral y profesional cada vez más competitivo, dinámico, cambiante, incierto y desafiante como es el escenario mundial actual.

Mg Adriana H Narváez

Rectora Instituto de Capacitación Aduanera