El poder blando chino como herramienta de integración económica internacional – Mgter. Daiana Gómez

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La transformación de China en los últimos 50 años ha sido una de las más significativas del sistema internacional contemporáneo. De una economía periférica pasó a consolidarse como potencia global, proceso que tuvo un punto de inflexión con su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Este acontecimiento no sólo redefinió el comercio internacional con eje en el Pacífico, sino que también marcó el inicio de una estrategia más amplia de proyección global basada en la combinación de poder duro y poder blando.

El presente artículo sostiene como hipótesis que el poder blando utilizado por China ha incrementado su influencia en las relaciones económicas internacionales, favoreciendo la concreción de acuerdos de integración.

El concepto de poder blando fue desarrollado por Joseph Nye en la década del ‘90 como contraposición al poder duro. Para Nye, el poder es la capacidad de influir en la conducta de otros para obtener resultados deseados. Mientras el poder duro se basa en la coerción o en incentivos materiales, el poder blando se fundamenta en la capacidad de moldear preferencias mediante la atracción, apoyándose en la cultura, los valores políticos y la política exterior.

Basándose en la premisa que un uso excesivo del poder duro puede erosionar la legitimidad, mientras que el poder blando aislado puede resultar insuficiente para defender intereses estratégicos, Nye también introdujo el concepto de “poder inteligente” (smart power), entendido como la combinación estratégica de recursos duros y blandos.

Aunque el concepto de poder blando fue pensado inicialmente para analizar la política exterior estadounidense, China lo incorporó progresivamente desde fines de los ‘90. Intelectuales como Wang Huning destacaron el rol de la cultura como fuente de poder nacional. Posteriormente, bajo el liderazgo de Hu Jintao y luego de Xi Jinping, el discurso oficial enfatizó la necesidad de acompañar el crecimiento económico con una proyección cultural coherente. De esta manera, China comenzó a presentarse como promotora del llamado “ascenso pacífico”, basado en la cooperación y el beneficio mutuo. Conceptos tradicionales como el de tianxia (“todo bajo el cielo”) y la noción confuciana de “armonía” fueron reinterpretados para fundamentar una visión relacional del orden internacional.

En este contexto, el poder blando chino se despliega principalmente a través de tres dimensiones: diplomacia cultural, diplomacia económica y multilateralismo.

Diplomacia cultural

 Una de las herramientas centrales de la diplomacia cultural china es la red de Institutos Confucio, creada en 2004 con el objetivo de promover el idioma y la cultura china en el exterior. Actualmente funcionan en más de 160 países, asociados a universidades y centros educativos locales. A través de cursos de idioma, actividades culturales, intercambios académicos y eventos artísticos, China busca fortalecer el entendimiento cultural y mejorar su imagen internacional. Esta estrategia se complementa con la expansión de medios de comunicación, coproducciones audiovisuales y presencia tecnológica global. En regiones como América Latina, la diplomacia cultural ha encontrado un margen de maniobra más amplio que en Europa o Estados Unidos, donde las percepciones sobre el régimen político chino suelen generar mayores resistencias.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta: una integración flexible

 La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada en 2013 por Xi Jinping, constituye el eje central de la diplomacia económica china. Inspirada en la antigua Ruta de la Seda, combina una ruta terrestre euroasiática y una marítima que conecta Asia con África y América Latina.

Más de 140 países se han adherido a la iniciativa, la cual promueve cinco objetivos principales: coordinación de políticas, conectividad de infraestructura, comercio sin trabas, integración financiera y vínculos entre pueblos.

Si bien la BRI no encaja plenamente en la teoría clásica de integración económica de Bela Balassa, fomenta formas flexibles de interdependencia económica. De esta forma, a través de inversiones en energía, transporte y puertos, China articula infraestructura con diplomacia y financiamiento, fortaleciendo la cooperación económica.

Cabe destacar que en América Latina, China se convirtió en uno de los principales socios comerciales de varios países, multiplicando exponencialmente el comercio bilateral desde comienzos del siglo XXI. Esta expansión ha generado oportunidades de financiamiento e infraestructura, aunque también críticas vinculadas a la primarización exportadora y a la dependencia de materias primas de los países latinoamericanos.

Multilateralismo y cooperación

 Uno de los caminos tomados por China para integrarse con el mundo fue a través de la cooperación internacional a través de bloques, foros y canalización de inversiones en infraestructura. Uno de los primeros ejemplos de ello fue La Organización de Cooperación de Shanghai, la cual data del año 2001, cuyo antecedente fue el grupo de los Cinco de Shanghai de 1996. También es posible mencionar el Foro de Cooperación China – África, (FOCAC por sus siglas en inglés), el cual es un foro entre China y todos los países del continente africano con excepción del Reino de Esuatini (anteriormente Suazilandia). El Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC por sus siglas en inglés), cuyas temáticas giran en torno a fomentar y facilitar el comercio e inversiones y la cooperación económica entre los países de la cuenca del pacífico.

Por su parte, el Foro China-CELAC es un foro multilateral formado en 2015 por China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), siendo en total 33 Estados miembros. Su principal objetivo es ser utilizada como una plataforma de cooperación política, económica y cultural.

Además de desarrollar estrategias políticas y diplomáticas a través de la cooperación multilateral, China promueve su participación activa en organismos internacionales como por ejemplo la Organización Mundial de Comercio (OMC), Fondo Monetario Internacional (FMI) y la red de organismos internacionales que sustenta la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Por otro lado, desde hace algunas décadas fomenta la proliferación de tratados de libre comercio con varios países del mundo. Ejemplo de ello resultan el Área de libre comercio entre ASEAN – China (ACFTA, por sus siglas en inglés), firmado en 2002 en Camboya con el objeto de lograr una zona de libre comercio para el 2010. Más allá de lo comentado, en noviembre de 2020 China firmó el mayor tratado de libre comercio del mundo, la denominada Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), el cual entró en vigencia en 2022 y reúne además del gigante asiático a los 10 estados miembros de ASEAN, a Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Dentro de sus objetivos, además de lograr armonización comercial reduciendo aranceles, el acuerdo promueve coordinación en temáticas tales como reglas de origen, propiedad intelectual y comercio electrónico.

De acuerdo a la página del ministerio de comercio de China, el país cuenta con tratados de libre comercio con: Serbia, Mauritania, Maldivas, Georgia, Suiza, Islandia, Pakistán, Macao, Hong Kong, Corea del Sur, Camboya, Singapur, Australia, Chile, Ecuador, Nicaragua, Costa Rica, Perú y Nueva Zelanda.

Se encuentra negociando acuerdos con Israel, Islas del Pacífico, países del Consejo de Cooperación del Golfo, ampliar la zona de libre comercio con Corea del Sur a Japón, Sri Lanka, Noruega, Honduras, Panamá, Moldavia y Palestina.

Conclusiones

 El análisis realizado permite afirmar que el poder blando constituye un componente central de la estrategia internacional china. A través de la diplomacia cultural, la cooperación multilateral y proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China ha fortalecido su influencia económica y política a escala global.

En América Latina, esta estrategia ha transformado las dinámicas comerciales y de inversión, generando tanto oportunidades como desafíos estructurales. La consolidación futura del liderazgo chino dependerá de su capacidad para proyectar no sólo poder económico, sino también legitimidad, confianza y estabilidad.

En definitiva, el desarrollo en las relaciones económicas internacionales chinas no puede comprenderse únicamente desde la óptica del poder blando o del poder duro, exclusivamente. Es en la articulación entre atracción, cooperación e intereses estratégicos, es decir en el ejercicio del poder inteligente, donde radica el éxito para incluir satisfactoriamente en las relaciones económicas internacionales del siglo XXI.

Mgter. Daiana Gómez