La U.E. adopta medidas para superar su dependencia en el mercado de los semiconductores – Dr. José Carlos Fernández Rozas (desde España)

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ESTRUCTURA DE LA CADENA DE SUMINISTRO Y DE VALOR DE LOS SEMICONDUCTORES

El multilateralismo, junto con acciones similares aplicadas simultáneamente por países de estrategias afines, puede resultar el enfoque adecuado para una política que equilibre los intereses comerciales y las preocupaciones de seguridad nacional, desempeñando en este escenario un papel clave en el actual desafío mundial derivado del cambio climático, las pandemias, la seguridad alimentaria y la industria de los semiconductores. Pero en ocasiones el modelo experimenta quiebras importantes como es el caso del mercado de semiconductores.

Constituye la producción de los semiconductores, y en particular en lo que se refiere a los microchips, una de las industrias fundamentales de las tecnologías que se proyectan en buena parte de los procesos productivos por utilizándose en todos los sectores de manera transversal: medicina, comunicaciones, agricultura, automoción o el defensa. El mercado mundial de semiconductores es enorme y se espera que siga creciendo de forma dinámica en los próximos años: mientras que el volumen de ventas se situó todavía en 412.000 millones de dólares en 2019, podría alcanzar los 532.000 millones de dólares en 2024 y los 1.380.790 millones de dólares en 2029. Los principales impulsores de este desarrollo son las nuevas tecnologías en áreas con visión de futuro como la e–movilidad, el nuevo estándar de comunicaciones móviles 5G o el Internet.

Como la transformación digital sigue acelerándose y la demanda de chips crece regularmente en todo el mundo, los semiconductores están en el centro de los intereses geoestratégicos y de la carrera tecnológica. Las potencias económicas –como la Unión Europea (UE)– y numerosos países están ansiosos por asegurar su suministro de chips, ya que supone cada vez más un requisito previo para la potenciación económica y para impulsar la transformación digital, hasta el punto de que una Europa sin chips nunca será “verde” ni “digital”. Las cadenas de suministro complejas y globalizadas han impulsado el rápido progreso de los semiconductores durante décadas y cabe resaltar la importancia de contar con un suministro fiable. Durante más de 50 años, la industria de los semiconductores ha experimentado cotas asombrosas de innovación científica, productividad, creación de riqueza y tecnologías y dispositivos habilitadores que han mejorado la calidad de vida de las personas. Sin embargo, la industria se encuentra en un momento único que no se ha visto en su historia de alto crecimiento y desarrollo volátil.

En tanto que componentes primordiales básicos de los dispositivos electrónicos, los semiconductores, también llamados circuitos integrados o microchips, conforman la base tecnológica esencial de la microelectrónica, siendo imprescindibles para la fabricación de numerosos productos, desde teléfonos inteligentes hasta automóviles y de vital importancia para la industria y la economía modernas. Se dividen en dos grandes categorías: chips analógicos (productos más sencillos como sensores, actuadores y osciladores) y chips digitales. Estos últimos incluyen los procesadores, que permiten el funcionamiento de un dispositivo electrónico y la memoria. Los semiconductores se encuentran en muchos de productos electrónicos cotidianos, como teléfonos inteligentes o smartphones, computadoras y automóviles. También se utilizan en numerosos ámbitos cruciales para la defensa y la seguridad nacional, como los sistemas de armamento y la tecnología aeroespacial.

Dado su carácter indispensable para las tecnologías clave del futuro, como la Inteligencia Artificial (IA), la Industria 4.0, la conducción autónoma, la 5G, la informática de alto rendimiento, así como para la transición ecológica, la industria de los semiconductores constituye un sector industrial crítico, estratégico y relacionado con la seguridad.

La estructura de la cadena de suministro y de valor de los semiconductores es global, con varias fases de un proceso en las que intervienen actores repartidos por todo el mundo. Sin embargo, en ella también existe una elevada concentración geográfica de actores que dominan determinados segmentos industriales. En este concreto sector el riesgo en la cadena de suministro afecta a industrias enteras frente a las perturbaciones normales que repercuten únicamente a la cadena de suministro de una empresa concreta. Para las industrias europeas de usuarios finales en los sectores de la automoción, los dispositivos médicos y la Industria 4.0, los chips con una mayor anchura estructural desempeñan un papel central. Por eso se han convertido en una parte indispensable de la vida cotidiana de los ciudadanos, desde los teléfonos móviles hasta las lavadoras, pasando por los destornilladores inalámbricos, desde los sensores de los coches hasta los mandos a distancia de los televisores, desde la supervisión y el control de maquinaria y equipos en la industria hasta el control militar del espacio aéreo: son algo así como los bloques de construcción fundamentales de una economía moderna..

Hasta hace poco, EE UU diseñaba y construía los chips más rápidos y mantenía su liderazgo como primera superpotencia, pero en la actualidad esta ventaja se está desvaneciendo, socavada por competidores de Taiwán, Corea, UE y, sobre todo, China, dentro de la denominada chip war. China, que gasta más dinero al año en importar chips que en petróleo, está invirtiendo miles de millones en una iniciativa de fabricación de chips para alcanzar a EE UU. En el presente, los semiconductores, microprocesadores y componentes similares constituyen un mercado en crecimiento que seguirá ganando importancia en el futuro y en los últimos años la UE ha dependido cada vez más de las importaciones en este ámbito.

Se inicia el proceso de fabricación de semiconductores con la elaboración del diseño, donde se esboza la arquitectura de un chip para optimizar determinados parámetros, como el coste, el consumo energético y la capacidad, en función de las necesidades del chip en cuestión. A medida que ha tenido lugar el crecimiento en los mercados tradicionales, la industria de semiconductores ha orientado su enfoque hacia mercados emergentes como el IoT, los dispositivos portátiles (wearables) y la automoción automatizada, lo cual ofrece nuevas vías para que los profesionales desarrollen su experiencia en tecnologías de vanguardia y contribuyan al crecimiento de estos mercados emergentes

Ante las necesidades industriales de chips, los esfuerzos de la UE para reforzar sus capacidades de fabricación de semiconductores e invertir en investigación e innovación son esenciales para garantizar su competitividad en el mercado mundial

La industria de los semiconductores es muy competitiva, cuenta con numerosos actores y se ve influida principalmente por el entorno político mundial. Se compone esencialmente de cuatro categorías principales de participantes.

Las fábricas de semiconductores (foundries), por ejemplo la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), son empresas dedicadas a fabricar estos componentes a partir de especificaciones proporcionadas por otras empresas, que se comercializan para una amplia gama de pedidos. La programación del sistema de fabricación de semiconductoras se identifica como un problema complejo, que implica múltiples y conflictivos objetivos, v.gr., minimización de la utilización media de las instalaciones, minimización del tiempo de espera y almacenamiento, que deben satisfacerse simultáneamente.

i) Fabricantes de dispositivos integrados (IDM), entre los que se encuentran empresas como Intel; dichos dispositivos IDM son únicos porque realizan todo el ciclo de vida de un chip semiconductor, desde el diseño inicial hasta la fase final de fabricación, en sus propias instalaciones. Con el aumento de los costes de creación de una planta de fabricación de semiconductores, unido a los considerables costes de desarrollo de un proceso manipulador avanzado, las empresas de fabricación de semiconductores buscan reforzar sus ventajas competitivas sostenibles mediante una externalización agresiva a través de una colaboración más estrecha con las fábricas de semiconductores.

ii) Empresas que se limitan a diseñar chips, también conocidas como empresas fabless como NVIDIA o Advanced Micro Devices –AMD– que pertenecen a esta categoría. Las “empresas sin fábrica” se centran en el diseño y desarrollo de chips semiconductores, pero subcontratan la fabricación a operadores de fundición porque no tienen capacidad de fabricación propia. Este modelo de producción externalizada permite a las empresas concentrarse en la investigación y el desarrollo de nuevos productos, sin tener que invertir en costosas herramientas de producción, al tiempo que se benefician de las técnicas de fabricación más avanzadas.

iii) Fabricantes de equipos, como Advanced Semiconductor Materials Lithography (ASML) encargados de fabricar la maquinaria fotolitográfica y los equipos necesarios para producir chips semiconductores. Proporcionan las herramientas esenciales que tanto los operadores de plantas de semiconductores como los fabricantes de dispositivos integrados necesitan para producir los chips.

La UE cuenta con una serie de puntos fuertes en el mercado de los semiconductores, señaladamente la presencia de empresas productoras de equipos, institutos de investigación y la producción para los sectores de la automoción, pero también se enfrenta a importantes retos, como el número limitado de trabajadores cualificados y unos costes de producción muy elevados. que deben abordarse para garantizar su competitividad y la seguridad del suministro. Es fuerte en el diseño de componentes de semiconductores para electrónica de potencia, (encargada del estudio de dispositivos, circuitos, sistemas y procedimientos para transformar y controlar voltajes y corrientes de niveles significativos, mediante el procesamiento, control y conversión de la energía eléctrica), dispositivos de radiofrecuencia y analógicos, sensores y microcontroladores, que tienen un uso generalizado en las industrias automovilística y manufacturera en la actualidad, y desempeña una intensa actividad de I+D en el sector, con empresas líderes que reinvierten una parte sustancial de sus ingresos en la investigación de tecnologías de próxima generación. Pero es menos fuerte en el diseño de la lógica digital (procesadores y memoria), que resulta esencial a medida que los datos, la IA y la conectividad están cada vez más generalizados. Habida cuenta que las necesidades industriales de chips siguen creciendo con el rápido ritmo de la transformación digital, los esfuerzos de la UE para reforzar sus capacidades de fabricación de semiconductores e invertir en investigación e innovación son esenciales para garantizar su competitividad en el mercado mundial de chips y fomentar nuevas oportunidades de mercado en diversos sectores.

CRISIS DE LOS CHIPS

Los semiconductores representan una de las industrias más globalizadas del mundo y adoptar esa dinámica global ha sido fundamental para la competitividad de las principales empresas de semiconductores. Se están convirtiendo cada vez más en la nueva moneda de cambio de la competencia mundial y son, al mismo tiempo, un requisito básico para el éxito de la transformación ecológica y digital. Esta situación se vio agravada con la denominada crisis de los chips que tuvo lugar cuando estos semiconductores integrados en muchos dispositivos electrónicos no pudieron suministrarse en cantidades suficientes debido a cambios físicos o sociológicos. Algunos ejemplos serían el desequilibrio entre la oferta y la demanda experimentado durante la pandemia, las interrupciones en la cadena de suministro, los cambios en las preferencias de los consumidores, la guerra comercial entre EE UU y China, así como los fenómenos meteorológicos adversos. Se produjeron subidas de precios y escasez en automóviles, tarjetas gráficas, consolas de videojuegos, ordenadores y otros productos dependientes de semiconductores.

A lo largo de tres años, el sector de los semiconductores y, por extensión, también el de la electrónica y la automoción, se vieron inmersos en una crisis permanente con cuellos de botella en el suministro a veces de enorme gravedad.

Durante la pandemia de Covid–19 se puso de manifiesto la importancia de los semiconductores tras generarse interrupciones en la cadena de suministro y provocarse escasez de chips en todo el mundo, ya que la creciente digitalización de la industria y la economía hizo que la demanda se disparara y que los fabricantes no pudieran satisfacer el aumento de los pedidos. A ello hay que añadir que la industria de semiconductores se concentra en un número muy limitada de proveedores pues aproximadamente dos tercios de la capacidad mundial de producción de chips y procesadores residen en el extranjero. Y aunque muchos fabricantes de semiconductores de todo el mundo desarrollan los chips, éstos se producen finalmente en determinadas plantas de fabricación (foundries) que requieren una gran cantidad de maquinaria y dispositivos altamente costosos y mano de obra especialmente cualificada.

La escasez de chips se inició a principios de 2020, causando grandes dificultades en importantes sectores de la industria de chips para satisfacer la demanda con el consiguiente aumento de su producción y su negativa repercusión en el rendimiento financiero de las empresas de electrónicas para hacer frente a esta eventualidad, muchas de las cuales se vieron compelidas a recortar o a detener la producción. Evidentemente, la falta de chips frenó la recuperación económica y centró la atención mundial en estos componentes como parte esencial de la vida cotidiana en la UE planteando grandes retos a muchas industrias; y, en muchos lugares, las empresas tuvieron que aplazar los requerimientos de sus clientes hasta más adelante, a pesar de tener las carteras de pedidos completadas.

Para esta peculiar industria el año 2022 fue realmente complejo, no sólo por la inflación, sino sobre todo por los cuellos de botella en el suministro y la falta de planificación en la disponibilidad de componentes electrónicos. Las razones fueron de gran complejidad y estuvieron, además, fuertemente interrelacionadas, en particular: a) la interrupción de las cadenas de suministro, b) la falta de capacidad de producción, c) las preocupaciones geopolíticas, d) la desglobalización, e) los cambios en el comportamiento de los consumidores; y f) el exceso de demanda. Estos problemas no sólo estaban causados por los efectos de la epidemia de Covid–19, sino también por la guerra de Ucrania y las tensiones geopolíticas entre EE UU, UE y China. Y, estos problemas, especialmente los estructurales, acompañarán probablemente al mercado de semiconductores en los próximos años.

Sin duda, el sector de la automoción, que representaba el 6% de los puestos de trabajo y el 7% del PIB20 de la UE, fue el más afectado por la escasez de semiconductores, porque consiste en una larga cadena que depende de una colaboración transfronteriza eficaz, pero carente por completo de un mecanismo de cooperación internacional de prevención y control y algunas empresas han reducido la producción o suspendido temporalmente sus operaciones debido a la falta de disponibilidad de estos componentes. Las interrupciones de la cadena de suministro de semiconductores y su efecto en la industria del automóvil ejercieron una repercusión significativa en el aumento de los precios del crudo en el volumen de la cadena de suministro de semiconductores. Esto ha servido para justificar el abandono de la postura tradicional de la UE en orden a restringir las ayudas estatales para ampliar las subvenciones más allá del ámbito establecido en el marco de subvenciones industriales de la UE (los Proyectos Importantes de Interés Común Europeo). Queda por ver si determinados sectores, como en de la industria automovilística podrá volver a respirar pronto y obtener los productos semiconductores que necesita urgentemente para sensores y similares en cantidades suficientes.

Desde el punto de vista de las enseñanzas, la crisis de los chips evidenció los efectos negativos de la dependencia europea de un número limitado de proveedores de fuera de la UE, en particular Taiwán y el Sudeste Asiático para la producción de chips y EE UU para su desarrollo. También obligó al cierre de fábricas en una amplia gama de sectores, desde automóviles hasta dispositivos para el cuidado de la salud. En el ramo del automóvil, por ejemplo, la producción en algunos Estados miembros disminuyó en un tercio en 2021. Esto hizo más evidente la extrema dependencia global de la cadena de valor de los semiconductores de un número muy limitado de actores en un contexto geopolítico complejo. Pero también ilustró la importancia de los semiconductores para toda la industria y la sociedad europeas.

La escasez los semiconductores no fue resultado directo de la pandemia pues con anterioridad muchos fabricantes de microchips presentaban señales de desabastecimiento de procesadores debido a los cambios en su proceso de fabricación

Además de contribuir a los problemas de las relaciones internacionales, la crisis de los chips no parece que vaya a detenerse de inmediato. Se estima que el mundo no volverá a experimentar una crisis de chips después de que se pongan en marcha las nuevas instalaciones de producción de chips a partir de 2025. La crisis de los chips ha sido una de las principales preocupaciones de muchos países en los últimos años. La digitalización y la mayor dependencia de la tecnología provocaron un aumento de la demanda de chips. Sin embargo, el repentino aumento de la demanda provocó una escasez de chips que afectó a muchas industrias, como la automovilística y la electrónica. Con mayor o menor fortuna varios países han gestionado la crisis de los chips y el impacto que ha tenido en sus economías. Es importante comprender la crisis de los chips y los diferentes enfoques que han adoptado los países para mitigar su impacto. También se han debatido las implicaciones de sus investigaciones para futuros estudios y responsables políticos.

Bien entendido que la escasez de los semiconductores no fue resultado directo de la pandemia pues con anterioridad muchos fabricantes de microchips, presentaban señales de desabastecimiento de procesadores debido a los cambios en su proceso de fabricación. Sin embargo, el Covid 19 puso de manifiesto hasta qué punto la UE depende de otros países, especialmente en el ámbito de los semiconductores y los microprocesadores.

Las cadenas de suministro de industrias especializadas se enfrentan a una de las mayores crisis mundiales de la era de la tecnología: la guerra por semiconductores. La crisis de los chips en Europa se produjo por diversas razones y dio lugar a una reducción de la producción de semiconductores; es cierto que la crisis dura ya tres años, pero los países europeos y los terceros países (v.gr., Reino Unido) llevan 30 años experimentando problemas con la producción de estos componentes. Con el paso del tiempo se hará evidente hasta qué punto la situación seguirá agravándose, incluso aunque la UE consiga controlar la crisis. Durante la pandemia, hubo escasez de chips en todo el mundo y algunas industrias tuvieron que reducir la producción o detenerla por completo, viéndose especialmente afectados los fabricantes de automóviles y de componentes electrónicos. Actualmente, los semiconductores se producen en gran medida en Taiwán, China y Corea del Sur. En este contexto, los gobiernos están cada vez más ansiosos por garantizar la seguridad de su suministro de chips y ganar peso geopolítico en el sector.

Los avances en tecnologías orientadas al futuro, como la IA o el Internet de las cosas (IoT), son impensables sin semiconductores. Por ello, la economía mundial depende cada vez más de unas relaciones de suministro de semiconductores resistentes y fiables. Ante la actual escasez de chips y el aumento previsto de la demanda de vehículos eléctricos, IA, militar e IoT en los próximos siete años, los gobiernos de EE UU y la UE han dado a conocer ambiciosos planes para atraer empresas de semiconductores a sus territorios entre los que figuran la construcción de nuevas fábricas de semiconductores y la ampliación de las instalaciones existentes. Previsiblemente, los plazos excesivamente largos en el suministro de semiconductores se normalizarán poco a poco, entre otras cosas porque un buen número de plantas de producción están empezando o reanudando sus operaciones.

Parece que la crisis mundial del chip, que ejerció un enorme impacto en los fabricantes de una amplia gama de industrias, está terminando, aunque muchos analistas auguran que nos dirigimos directamente a la próxima crisis al comprobar que algunos fabricantes ya han reducido la producción de chips porque la demanda está cayendo con la consiguiente caída de los precios.

DEPENDENCIA DE CHINA

En las últimas décadas, China ha pasado de ser un país en desarrollo a una potencia económica mundial y un suministrador mundial de productos esenciales, desde teléfonos inteligentes a coches electrónicos o trenes de alta velocidad, destacando por la enorme demanda de chips, por albergar más de la mitad de los semiconductores producidos en el mundo y representar más de la mitad de las ventas mundiales de semiconductores en 20214.. La generalidad de las grandes multinacionales de semiconductores tienen instalaciones de producción y departamentos de desarrollo en China y las empresas extranjeras siguen controlando alrededor del 80% de las ventas en el mercado chino de semiconductores, pero entre la UE y China prevalecen la desconfianza y la incertidumbre y existen numerosos puntos de conflicto entre ambas partes. Una confrontación referida a la restrictiva política económica china, las graves violaciones de los derechos humanos en el país, la pretensión de Pekín al liderazgo mundial y las tensiones geopolíticas que de ello se derivan.

Con el propósito de depender menos de China y de EE UU en la producción de microelectrónica y chips la Comisión Europea aprobó a principios de 2022 un programa de subvenciones por valor de miles de millones. Ahora crece la preocupación por los peligros de la cooperación económica con China, pero los lazos no deben cortarse por completo pues a la UE Europa no le interesa alejarse totalmente de China, pues es el socio comercial más importante, incluso por delante de EE UU y a corto plazo no podría ser sustituida como proveedor.

Paralelamente, el comercio entre la UE y EE UU ha disminuido en los últimos años y en la actualidad sólo representa alrededor del 15%. En el mismo periodo, sin embargo, el volumen del comercio exterior con China casi se ha triplicado hasta alcanzar el 16%. La UE importa ahora tres veces más diodos, transistores y semiconductores en valor de lo que exporta. La actual escasez de componentes demuestra que la demanda de la UE es aún mayor. En un contexto de equilibrio de la balanza comercial, esta evolución no es preocupante en sí misma. En particular, puede basarse en la explotación de los efectos de especialización que mantienen la competitividad de las empresas europeas: Si los productos intermedios se compran en el extranjero a precios más bajos o con mejor calidad, el producto final también puede fabricarse en consecuencia a menor coste y con mayor calidad. En una crisis, sin embargo, esta disposición de las cadenas de suministro a través de los continentes puede conducir a las consecuencias negativas mencionadas al principio.

En la actualidad la UE depende económicamente de China para ciertas materias primas, baterías e ingredientes farmacéuticos, entre otras cosas. Para reaccionar ante la política económica cada vez más agresiva de China, la UE pretende realinear sus relaciones con este país en el sentido de reforzar su independencia y reducir los riesgos económicos. Después de todo, la guerra de Ucrania ha demostrado lo rápido que pueden cambiar las situaciones geopolíticas y, por tanto, influir también masivamente en las relaciones económicas. Evidentemente las relaciones entre China y la UE se han deteriorado notablemente cuando en 2019 ésta última calificó a China de rival sistémico, y se ha ido agravando durante la pandemia Ahora crece la preocupación por los peligros de la cooperación económica con China. La estrategia principal es que la UE necesita ser más independiente de China y minimizar los riesgos económicos en relación con el país más poblado del mundo. Las dificultades para mantener los mercados europeos abastecidos de productos clave, como microchips de última generación, derivan en gran medida de que Europa se ha quedado atrás en la producción de este tipo de tecnología punta

Pero los lazos no deben cortarse por completo, siguiendo los postulados de la Cumbre UE–China de 9 de abril de 2019, donde los asistentes manifestaron su apoyo común al multilateralismo y al comercio basado en normas, reafirmaron su determinación común de reformar la Organización Mundial del Comercio y acordaron trabajar juntos para abordar las subvenciones a la industria. A la UE no le interesa alejarse totalmente de China. No resulta de recibo poner fin a las alianzas económicas y además no beneficiaría a la UE, si bien es necesario mitigar los riesgos, también proteger sus intereses de seguridad más de lo que lo han hecho en el pasado. Dicho en otros términos, los Estados de la UE quieren reducir significativamente su dependencia económica de China, pero no desvincularse completamente de la segunda economía mundial. Cuando sea necesario y apropiado, se reducirán los riesgos y, por ejemplo, las vulnerabilidades en las cadenas de suministro. en suma, la UE no pretende desvincularse ni cerrarse al importante socio comercial y al mismo tiempo es consciente de que China es necesaria para afrontar el cambio climático y otros retos mundiales.

La más reciente declaración política de la UE sobre China, de junio de 2023, establece que, a pesar de sus diferentes sistemas políticos y económicos, la UE y China tienen un interés común en unas relaciones constructivas y estables. La UE seguirá colaborando con China para hacer frente a los retos mundiales. El país sigue siendo clasificado “simultáneamente como socio, competidor y rival sistémico”.

NUEVAS ESTRATEGIA DE LA UNIÓN EUROPEA: LA LEY EUROPEA DE CHIPS DE 2023

Ocupa la UE una excelente posición en la producción de materiales y maquinaria en la cadena de valor de los semiconductores y cuenta con dotes de excelencia en investigación y diseño de chips. En la producción de semiconductores, sin embargo, la UE se ha quedado distanciada en los últimos años. La economía europea se ha vuelto así más dependiente de proveedores no europeos. Por ello, la Comisión Europea consideró la conveniencia de garantizar el suministro de chips a la industria y situar a Europa en una mejor posición para seguir siendo competitiva frente a otras regiones del sector de los semiconductores en todo el mundo. Concretamente, la Comisión intentó contrarrestar los cuellos de botella en el suministro de chips con una iniciativa legislativa y crear un ecosistema de semiconductores floreciente y resistente. La fuerte dependencia de varias industrias del sector de los semiconductores se puso recientemente de manifiesto por los cuellos de botella en el suministro a escala mundial, que obligaron a la industria automovilística de algunos países de la UE a reducir la producción, al menos temporalmente, hasta los niveles de 1975. Por su importancia para la producción de muchos bienes del sector tecnológico, como coches o smartphones, los semiconductores se consideran cada vez más una tecnología clave. El sometimiento de UE a crecientes distorsiones de la competencia y su dependencia de otros espacios de poder pone en peligro la estabilidad y la seguridad a la vez que conlleva el riesgo de que su economía y su seguridad estén cada vez más controladas a distancia por terceros, lo que a su vez desestabiliza la democracia y la paz social. La tecnología y los conocimientos tecnológicos se han convertido en factores geopolíticos decisivos, y esto es especialmente cierto en el caso de las tecnologías clave sistémicamente relevantes. Resulta conveniente prevenirse que de que las tecnologías no se conviertan en el petróleo y el gas del mañana. La necesidad de autonomía estratégica en las tecnologías clave posibilita soluciones innovadoras y sostenibles para contrarrestar activamente estas áreas problemáticas. Precisamente los semiconductores son la base de multitud de aplicaciones relevantes para el sistema: desde el suministro estable de energía y la disponibilidad de recursos vitales hasta aplicaciones seguras en sanidad, comunicaciones y automoción. Software, equipos y chips viven en una simbiosis indispensable.

Ante el aumento de las tensiones geopolíticas y los crecientes retos planteados por la innovación disruptiva, los responsables políticos europeos, al igual que sus homólogos norteamericanos, buscan formas de reforzar la autonomía estratégica del espacio europeo, especialmente en el ámbito tecnológico. Todas las regiones del mundo que albergan partes de la industria de semiconductores están marcando el rumbo correcto para mejorar su competitividad. Sin embargo, la UE, corría el riesgo de quedarse al margen de estas actividades si, entre otras cosas, las medidas adoptas se adoptaban demasiado tarde y difícilmente podría mantener su posición como región de semiconductores, por no hablar de la ampliación de su propia cuota de producción mundial, si no se alcanzan inmediatamente las condiciones marco necesarias para las inversiones en Europa. Hasta la fecha la Comisión Europea ha dependido casi exclusivamente del apoyo de los Estados miembros y sin una inversión adicional sustancial por parte del sector público y sin incentivos a la inversión por parte del sector privado, la UE no estaría en disposición de alcanzar sus objetivos en este ámbito, debilitándose aún más. A pesar de la presencia local de algunos proveedores clave dominantes, la UE, las industrias europeas clientes y los gobiernos nacionales consideran seriamente la necesidad de ubicar más capacidad de diseño y producción de semiconductores. Por eso debía poner en marcha un paquete de medidas para superar esta situación partiendo de un concepto global para la industria de semiconductores que armonizase con toda la política industrial de la UE; asimismo, debía cubrirse la demanda de chips de gama alta, así como de chips básicos y de señal mixta y electrónica de potencia.

Resulta innegable que la UE está simplificando y mejorando las bases para que las inversiones en el sector cuenten con un entorno atractivo. Las nuevas normas establecidas en la UE están diseñadas en gran parte para simplificar los procedimientos de planificación, permitir las ayudas estatales de los Estados miembros y ofrecer miles de millones en inversiones procedentes de los fondos de la UE, además de crear puestos de trabajo bien remunerados y sostenibles en la UE en el mercado en crecimiento de los semiconductores. Y, al mismo tiempo, pretenden evitar los cuellos de botella en el suministro, para lo cual se cuenta con un mecanismo de alerta temprana cuya función es prevenir o anticipar las interrupciones de la cadena de suministro.

Aprovechando las lecciones de la reciente escasez de chips electrónicos China, EE UU y la UE comenzaron a desarrollar estrategias en materia de semiconductores destinadas a financiar la I+D y la instalación de nuevas fábricas en sus territorios, en particular mediante subvenciones. Asimismo adoptaron políticas industriales dirigidas en busca de la seguridad de la cadena de suministro y la competitividad económica y tecnológica y para atajar la vulnerabilidad de dicha cadena, muchos gobiernos han impulsado la producción a través de incentivos, promoviendo la investigación de chips nacionales.

La UE aspira a asegurarse una cuota de al menos el 20% de la producción mundial de semiconductores innovadores y sostenibles para 2030 en términos de valor, aprovechando sus puntos fuertes en investigación y fabricación de equipos, chips analógicos y tecnología de baja potencia. Precisa para ello invertir más rápidamente en procesos de ensayo intensivos en capital y en instalaciones piloto y de producción, también para tecnologías de vanguardia. La industria de semiconductores tiene dificultades para acceder a la financiación que necesita en por la elevada intensidad de capital, los altos riesgos, la complejidad de los proyectos en términos de tecnología e implementación, y el largo camino hasta el retorno de la inversión.

Con el propósito de paliar esta situación, se estableció un mecanismo de financiación mixta con capital propio específico para semiconductores en el marco del Programa InvestEU y en estrecha colaboración con el Grupo del Banco Europeo de Inversiones. El BEI también está preparado para aumentar su financiación de la cadena de valor de los semiconductores acorde con los objetivos de la UE y sus préstamos del BEI pueden cubrir hasta el 50 % de las inversiones en toda la cadena de valor, desde la I+D+i hasta el equipo, incluidos los centros piloto y de ensayo, desde el diseño hasta la fabricación a gran escala y las ampliaciones de la capacidad de los chips avanzados. El Grupo BEI tiene previsto incrementar y diversificar aún más su apoyo al ecosistema europeo de semiconductores.

En este contexto la Ley Europea de Chips (LEChips) debería permitir un mejor seguimiento del suministro y una reacción más temprana ante la escasez, además del fomento de la investigación y el desarrollo y de las empresas más pequeñas, lo cual implica un ajuste de la normativa relativa a las ayudas estatales. Dado que la UE acaba de entrar en la confrontación con sus competidores, la LEChips sólo podrá ser un éxito si permite una acción decisiva y reduce las ambigüedades legales. Sin embargo, es cuestionable que la UE establezca una apertura al marco de ayudas estatales lo suficiente como para atraer realmente grandes plantas de chips en competencia con Asia y EE UU.

En vista de la enorme dependencia y vulnerabilidad de Europa frente a una industria de semiconductores excesivamente concentrada en Asia, la Comisión Europea propuso el 8 de febrero de 2022 la LEChips aspirando a alcanzar el referido objetivo de reforzar la soberanía tecnológica de Europa y duplicar su cuota de producción mundial del 10% actual al 20% para 2030. Esta iniciativa representa un acuerdo clave para la UE que actualmente lucha contra una gran dependencia de proveedores externos de semiconductores confiriéndole un mayor control sobre la producción de chips y proporcionar así más seguridad y autonomía en este ámbito tecnológico clave. Supone, además, una respuesta de la UE a los retos de la industria exige inversiones masivas por parte de los gobiernos europeos y las empresas privadas y marca una adopción de políticas industriales prácticas en la UE. No en vano su elemento clave es suministrar miles de millones en ayudas financieras para crear fábricas de producción de chips avanzados (las llamadas “fabs”) e intensificar la investigación sobre semiconductores en la UE y crear una industria tecnológica más independiente

Con la LEChips, la Comisión Europea pretende:

i) Ampliar considerablemente la producción de semiconductores en Europa, reducir las dependencias en la cadena de valor de los semiconductores y asegurar así el suministro de microchips a la industria europea a largo plazo. Dicha disposición prevé invertir 43.000 millones de euros en el llamado ecosistema microelectrónico europeo de aquí a 2030 con nuevas oportunidades de financiación. Además de la investigación, el principal objetivo es promover la expansión de la producción de microchips en Europa. Sin embargo, es dudoso que sea realmente posible devolver a Europa a la vanguardia del desarrollo internacional de aquí a 2030:.

ii) Crear un marco jurídico que permita el flujo de fondos públicos hacia nuevas instalaciones innovadoras de fabricación de semiconductores, de acuerdo con las normas de la UE sobre ayudas estatales.

iii) Beneficiar a las nuevas instalaciones con procedimientos acelerados que les permitan superar los obstáculos administrativos, como los relacionados con la planificación y la construcción, lo antes posible desde el punto de vista legal.

iv) Extender las iniciativas destinada a apoyar la creación de capacidad tecnológica y la innovación en el campo de

REFUERZO DEL ECOSISTEMA EUROPEO DE SEMICONDUCTORES

A nadie se le escapa que los semiconductores y los chips electrónicos son esenciales para la industria moderna y para las transiciones ecológica y digital. Pero esto no significa necesariamente que la UE deba apoyar tan activamente el sector. La LEChips parte de la creación de organismos totalmente nuevos, como un Consejo Europeo de Semiconductores compuesto por representantes de los Estados miembros, lo que abre la puerta a un constante tira y afloja en la distribución de los fondos. Esto contrasta claramente con el programa Horizonte Europa, donde los Estados miembros no tienen nada que decir sobre las propuestas de proyectos que obtienen financiación; en resumen, solo importa la excelencia.

En contrapartida, la LEChips: a) aúna el apoyo político, industrial, tecnológico y financiero en un área tecnológica particularmente sensible; b) presenta un plan claro para la creación de capacidades industriales y tecnológicas; y c) adopta un enfoque realista para asociarse con países de ideas afines con el fin de mejorar el control estratégico del ecosistema industrial de los semiconductores. Al mismo tiempo traza un camino para la construcción ecológica de semiconductores, medidas reguladoras de intervención en crisis al tiempo que esboza un proyecto de “sistema nacional para la industria de chips con características de la UE”, representando con ello un verdadero avance en la política industrial europea y un cambio significativo con respecto a la antigua oposición a las subvenciones industriales, que se consideran atentatorias al Derecho de la competencia.

Garantizar un suministro fiable de semiconductores para salvaguardar las líneas de producción de toda una serie de industrias constituye un importante objetivo político, especialmente en el contexto de un entorno internacional cada vez más conflictivo en el que el liderazgo en alta tecnología se asocia también con el poder militar y el alcance geopolítico. No puede extrañar que desde hace algún tiempo se esté debatiendo intensamente el desarrollo de la industria de semiconductores en Europa. Así pues, los próximos años se caracterizarán por la aceleración de la innovación tecnológica, que provocará un crecimiento de los ingresos y un cambio en la demanda en la industria de los semiconductores.

La iniciativa de subvencionar el desarrollo de las industrias de semiconductores en Europa ha pasado de ser un mero proyecto para transformarse en una realidad de especial trascendencia. Téngase en cuenta que el objetivo último de la LEChips es aumentar la cuota de la UE en el segmento de la producción de productos semiconductores hasta el 20% desde el 10% actual de aquí a 2030. Durante el tiempo que este proyecto de ley pasó por los pasillos del poder, muchas empresas expresaron su deseo de construir empresas de producción de chips en Europa.

En términos generales, los miles de millones previstos en subvenciones de la UE será bien recibidos en la industria del chip. Por el contrario, las intervenciones de acompañamiento en las empresas suscitan rechazo y veladamente ciertos los representantes de las empresas considerar que estas medidas no son otra cosa que una manifestación de “economía planificada”. Con carácter general cabe aludir a una serie de cuestiones que no han recibido una acogida generalizada o que suscitan ciertas vacilaciones:

i) La Comisión quiere supervisar la cadena de suministro, con lo cual pretende detectar las perturbaciones en una fase temprana y evitar una escasez de chips como la producida en los dos últimos años. También quiere intervenir cuando los chips amenacen con agotarse. En el futuro, la UE podría dar instrucciones a las empresas de chips sobre qué componentes tienen que producir, en qué cantidades, en qué plazos y a qué precio. Es probable que la industria europea del chip y sus clientes quedasen mejor en mejor situación si se garantizase la apertura de los mercados y, por tanto, un mejor acceso a los materiales críticos procedentes del extranjero. Y también sería deseable que la política y la industria europeas se esforzaran conjuntamente por conseguir una cadena de suministro lo más fluida posible.

ii) La financiación directa de la UE es sólo una pequeña parte de la LEChips, que debe considerarse más bien un marco normativo para facilitar la industria nacional con la posibilidad de acortar el proceso de autorización de las inversiones relacionadas con chips y con la presencia de ayudas específicas para las pequeñas y medianas empresas que operan en el campo de los semiconductores, en particular el diseño de semiconductores. Ahora bien, el apoyo a las fábricas de chips previsto en el segundo pilar corre el riesgo de provocar una carrera de subvenciones con otros países y un exceso de producción. Si las empresas no pueden producir de forma rentable, no deberían recibir ayudas a los costes de funcionamiento.

iii) No está claro si la ayuda para la construcción de una fábrica de chips se ajuste a la legislación de la UE sobre ayudas estatales, cuestión que debe ser examinada caso por caso. En la medida en que se subvencione una fábrica en la que se produzcan principalmente, o incluso exclusivamente chips para los que apenas hay demanda por parte de la industria europea, cabe cuestionarse si dicha ayuda sirve a un objetivo legítimo.

iv) Al centrarse esencialmente la Ley en el desarrollo de una industria puntera, cuya utilidad es discutible y no impulsar adecuadamente las inversiones en proveedores de productos químicos y materiales se pierde una agenda de la UE con visión de futuro que debería ser integral y abordar todos los aspectos de la cadena de producción. Acaso el planteamiento más sensato fuese la inversión europea en las empresas existentes para que incrementen sus resultados de investigación y producción.

v) La LEChips parece demasiado imprecisa en cuanto a las circunstancias en las que se activará el nivel de crisis y esta vaguedad no cumple los requisitos derivados del principio de seguridad jurídica. El hecho de que las instalaciones de producción integradas y las plantas de fabricación abiertas de la UE vayan a recibir un trato prioritario en caso de crisis, puede dar lugar a las correspondientes acciones contrarias de otros ámbitos económicos, lo cual va en contra de la seguridad de abastecimiento en la UE, ya que depende de otras áreas económicas para la producción de chips.

v) Resultan cuestionables los controles a la exportación desde la perspectiva de la normativa de la OMC pues su base jurídica es demasiado vaga, y su utilidad relativa, ya que los chips deben producirse individualmente para cada empresa.

HACIA LA RECUPERACIÓN DEL PROTAGONISMO DE LA UE EN EL MERCADO DE LOS SEMICONDUCTORES

Es cierto que en las dos últimas décadas la UE ha perdido terreno frente a otras regiones productoras de semiconductores, si bien la presencia de empresas clave en la cadena de producción de chips, como ASML o Zeiss entre otras, junto con los recursos financieros de Europa y la creciente demanda de chips convencionales, constituyen una buena base para volver a reforzar su posición de Europa en el sector. Para ello la industria europea de semiconductores deberá hacer frente a una fuerte competencia, a pesar del anuncio de las futuras inversiones en el sector de los microchips, y a la carencia de capacidad de producción y de una base de consumidores para los microchips más avanzados. Con la nueva ley, la UE habilita un entorno favorable a la inversión en chips al acelerar el proceso burocrático de aprobación, subrayando la introducción del “estatus de máxima importancia nacional posible” para la industria de chips el reconocimiento de su papel central en el crecimiento económico y el desarrollo tecnológico de Europa. En particular, las pequeñas y medianas empresas de diseño de chips se benefician de un mayor apoyo para impulsar soluciones innovadoras y reforzar la posición de Europa como protagonista de la industria mundial de chips.

La principal baza de la UE para recuperar su papel en el mercado de los semiconductores gira en torno a la flexibilización de la regulación para la aprobación de ayudas de Estado. Concretamente, la LEChips introduce la definición de una vía rápida para la aprobación de las ayudas hacia cierto tipo de proyectos. Las instalaciones First–of–a–kind (FOK) primeras en su género que contribuyan a la seguridad del suministro para el mercado interior podrán beneficiarse de una priorización en el beneplácito para la intervención pública.

Con todo, la medida de la UE llega tarde : en las últimas décadas se había producido una carrera de subvenciones en todo el mundo en el curso de la cual, la UE se había quedado rezagada. Ahora, la LEChips pretende contrarrestar esta situación.

Dado que la UE acaba de entrar en la concurrencia con sus competidores, la LEChips sólo puede ser un éxito si permite una acción decisiva y reduce las ambigüedades legales. Sin embargo, resulta muy difícil predecir si la apertura del marco de ayudas estatales será suficiente atraer realmente grandes plantas de chips en competencia con Asia y EE.UU.

La LEChips ha recibido algunas críticas por su estructura, su financiación y su orientación estratégica, y debemos tomarnos en serio estas preocupaciones: puede ser demasiado limitada para sus ambiciosos objetivos y puede apuntar a las tecnologías equivocadas. Por su parte, la cadena de valor altamente fragmentada y los niveles de especialización en cada etapa de la producción hacen que la soberanía tecnológica en chips sea poco realista. Programas similares en otras latitudes podrían llevar a un exceso de oferta de chips, y no está garantizado que los usuarios europeos de chips estén dispuestos a pagar una prima por los chips europeos; además, las intervenciones en sistemas complejos como el comercio mundial tienden a producir consecuencias imprevistas que hoy no podemos prever. También sería más fácil llegar a un juicio definitivo si los microchips fueran la única carencia de Europa en tecnologías digitales.

Habida cuenta de los interrogantes que rodean al sector y el estado actual de la industria europea de semiconductores, es razonable preguntarse también qué diferencia marcarán los compromisos y las iniciativas propuestas en la LEChips. Una cosa son los comentarios de urgencia a la ambiciosa política desplegada y otra muy distinta y necesaria profundizar más a fondo en relación con la respuesta que proporcionen todos los actores implicados en los desafíos específicos de la industria de semiconductores: competitividad, independencia económica, seguridad del suministro, infraestructuras y tecnologías críticas.

José Carlos Fernández Rozas

Catedrático. Director del Master de Derecho de los Negocios internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Doctor honoris causae por la Universidad Nacional de Córdoba. Socio fundador del Gabinete Jurídico Empresarial Iprolex, S.L. jcfernan@ucm.es.