Si los países proteccionistas son pobres, ¿Por Qué amamos el proteccionismo? – Mgter. Gustavo Scarpetta

0
4

El proteccionismo puede dar certezas. Puede garantizar un “plato de comida” todos los días, sin competencia, sin presión, sin riesgo. Pero también impone un límite claro: siempre es el mismo plato. En ese esquema no hay incentivos a mejorar, innovar o competir, y en ese entorno ocurre algo inevitable: la gente emigra, las inversiones no llegan y el talento se fuga. Nadie elige quedarse en una economía cerrada si tiene alternativa.

Las migraciones se dan desde África hacia Europa, Asia o Estados Unidos, no al revés. Mbappe o Yamal juegan para Francia y España, donde sus padres decidieron emigrar para buscar mejor desarrollo.

La evidencia global es contundente. Hace setenta años, dos regiones partían casi del mismo punto: Asia representaba el 15% del comercio mundial y África el 12%. Hoy el resultado es radicalmente distinto: Asia concentra el 38% del comercio global, mientras que África apenas alcanza el 4%. La brecha no es geográfica, es de modelo de desarrollo.

Los caminos elegidos explican los resultados. África, con altos niveles de protección, baja integración global y fuerte dependencia de commodities, terminó en una situación de pobreza relativa y escasa participación en el comercio mundial. Asia, en cambio, apostó por una apertura inteligente, una estrategia exportadora y una inserción activa en las cadenas globales de valor. El resultado fue crecimiento, industrialización y generación de riqueza. Y no hablamos solo de China, sino también de Corea del Sur, Vietnam, Japón y Singapur.

Si el proteccionismo fuera el camino al desarrollo, África debería ser Asia. Pero la historia mostró exactamente lo contrario. El desarrollo no viene de cerrarse, sino de competir, integrarse y producir para el mundo. El proteccionismo puede ofrecer tranquilidad en el corto plazo, pero en el largo plazo es una cárcel que achica el futuro.

La apertura de la triple T

La apertura económica depende de tres T: tiempo, tasas y tipo de cambio. La apertura no fracasa por abrirse. Fracasa por abrirse mal y apurado. Si además el tipo de cambio está atrasado y las tasas son altas que hacen imposible financiar una reconversión todo está desacertado.

El Mercosur se abrió en 4 años, bajó a cero arancel entre 1991 y 1995. Ese mismo proceso Europa lo hizo en 20 años-

Sectores que llevan años protegidos no se reconvierten en seis meses. No cambian tecnología, procesos, proveedores ni mercados de un día para otro. La experiencia internacional muestra algo bastante simple: los países que lograron integrarse al mundo administraron los tiempos, secuenciaron reformas y evitaron shocks innecesarios.

  • Corea del Sur no se abrió de golpe: combinó protección selectiva con apertura gradual y exigencias de exportación.
  • Chile, tras un primer shock, corrigió y consolidó con gradualismo y estabilidad.

El tiempo no es un lujo. Es el puente entre la protección y la competencia.

Tasas de interés: sin financiamiento no hay reconversión

Abrirse sin crédito es como pedirle a una pyme que compita con el mundo… con la caja vacía.La reconversión productiva requiere: inversión en tecnología, capacitación, cambio de escala y acceso a nuevos mercados.

Todo eso necesita financiamiento. Y financiamiento a tasas razonables. Hoy Argentina no tiene eso.

Cuando las tasas son altas: las empresas no invierten, se frenan los proyectos yla apertura se transforma en un proceso destructivo, no transformador.

Los países que hicieron bien la transición entendieron esto. Corea canalizó crédito hacia sectores estratégicos. Chile desarrolló mercados financieros más profundos para acompañar la apertura.

Y tambien tiene un subproducto que es esencial: el que debe reconvertirse lo piensa dos veces, si su sector es poco competitivo. ¿Va a enterrar el dinero prestado en un sector que a todas luces está perdido, o va a apostar a algún sector que sea potencialmente exitoso?

Tipo de cambio: el amortiguador invisible

La tercera T es la más incómoda, pero también la más determinante: tipo de cambio competitivo. Acá está atrasado y atrasando. Bajó en los últimos seis meses mientras la inflación es de 3% mensual.

Abrirse con un tipo de cambio bajo es invitar a competir,  pero con una mano atada.

Un tipo de cambio alto (o al menos competitivo) cumple tres funciones clave:

  • protege transitoriamente a los sectores expuestos
  • incentiva exportaciones
  • da margen para ganar productividad sin desaparecer en el intento
  • Corea del Sur utilizó activamente el tipo de cambio como herramienta de desarrollo exportador.
  • Chile mantuvo políticas que evitaron atrasos cambiarios prolongados en etapas clave.

No es ideología. Es mecánica económica.

Argentina discute apertura como si fuera un acto de fe: blanco o negro. Pero la evidencia muestra otra cosa: los procesos exitosos son inteligentes, secuenciales y consistentes.

Abrirse no es abandonar la producción local.
Es transformarla para que pueda competir.

Y para eso, la triple T no es opcional:

  • Tiempo para adaptarse
  • Tasas para invertir
  • Tipo de cambio para competir