
El pasado 20 de mayo tuve el honor de participar como panelista en las Jornadas “Fiscalidad y Comercio Internacional. Desafíos actuales”, organizadas por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, junto al Centro de Estudios de Derecho Financiero y Derecho Tributario (CEDFDT), la Asociación de Derecho Aduanero y Comercio Exterior (ADACE) y el Grupo Joven del CARI. Compartí el panel con destacados especialistas como Shunko Rojas y Alberto Barreix, bajo la moderación de Candela Carega.
Más allá del enorme nivel académico del encuentro, creo que este tipo de espacios tienen hoy un valor estratégico especial. Vivimos un momento de transformación profunda del comercio internacional, de la fiscalidad global y de las cadenas de valor. Pero también atravesamos una etapa donde muchas sociedades (y particularmente las latinoamericanas) enfrentan tensiones vinculadas a confianza institucional, desarrollo productivo, adaptación tecnológica y legitimidad política.
Por eso, generar ámbitos serios de reflexión interdisciplinaria no es un lujo académico. Es una necesidad institucional.
Primero pensar, luego construir consensos y finalmente hacer. Ese orden suele favorecer procesos de desarrollo más sólidos y estables, y con mayor paz social
Durante las jornadas analizamos cómo está cambiando el mapa global frente a las tensiones geopolíticas, la relocalización de cadenas de valor, la digitalización y las nuevas reglas multilaterales. Hoy el comercio internacional ya no se organiza solamente alrededor de la eficiencia y el menor costo, sino también alrededor del riesgo: riesgo geopolítico, logístico, regulatorio, tecnológico y fiscal.
Fenómenos como el nearshoring o el friendshoring muestran que las cadenas globales dejaron de diseñarse únicamente para ser baratas; hoy buscan también resiliencia y previsibilidad. En ese contexto, la fiscalidad adquiere un rol mucho más amplio que el meramente recaudatorio. Los países compiten también a través de estabilidad tributaria, calidad institucional, incentivos bien diseñados y capacidad de generar confianza.
Otro de los ejes abordados fue el impacto que generan las nuevas reglas internacionales (BEPS, Pilar 1, Pilar 2 y fiscalidad digital) sobre los países del Sur Global. Allí apareció una pregunta central: ¿quién tiene realmente capacidad de implementar estándares cada vez más sofisticados?
Porque detrás de cada discusión tributaria internacional no hay únicamente empresas multinacionales. Hay PyMEs exportadoras, proveedores regionales, empleo, talento y cadenas de valor completas que pueden quedar dentro o fuera del sistema según la capacidad de adaptación institucional y tecnológica de cada país.
También reflexionamos sobre la posición de Argentina y América Latina frente a esta nueva configuración global. La región posee recursos estratégicos, alimentos, energía, minerales críticos, capacidad agroindustrial y talento profesional. Pero el gran desafío no pasa solamente por tener recursos naturales, sino por transformar esos activos en plataformas confiables y previsibles de inserción internacional.
Hoy la competitividad se mide también en tiempos, infraestructura logística, calidad institucional, estabilidad regulatoria y capacidad de respuesta judicial. En comercio internacional, los tiempos institucionales importan tanto como los costos logísticos o tributarios. Entre las recomendaciones que propuse enfoqué la necesidad de fortalecer el funcionamiento institucional de la justicia, medir su nivel de eficiencia y comunicar sus resultados a la comunidad, con miras a reconstruir confianza social.
Correlaciona con esta propuesta otro tema que considero central y muchas veces queda relegado: la formación cívica de nuestra gente. Porque probablemente uno de los mayores desafíos de nuestras sociedades sea aprender nuevamente a ser ciudadanos antes que administrados. La democracia necesita ciudadanos comprometidos con el destino de su país, capaces de participar, controlar, exigir, proponer y sostener discusiones de largo plazo más allá de las urgencias del momento. Y eso no se construye únicamente desde los partidos políticos. Se construye también desde las universidades, las cámaras empresariales, los sindicatos, las asociaciones profesionales, las cooperativas, los clubes y los espacios intermedios de la sociedad civil.
En un contexto donde la inteligencia artificial y la digitalización están modificando la forma de trabajar, producir e incluso informarnos, la educación ya no puede limitarse a transmitir contenidos relativamente estáticos. El verdadero desafío pasa por enseñar a pensar críticamente utilizando TODAS las herramientas de inteligencia artificial disponibles, aprender a gestionar con responsabilidad personal la información, la respuesta, el error, la solución y la autonomía intelectual. Estamos hoy frente a un riesgo mayor que la ignorancia, cual es la delegación acrítica del pensamiento en las soluciones de la inteligencia artificial no procesadas.
Las economías que mejor se adapten probablemente no serán solamente las que tengan más recursos naturales, sino aquellas capaces de formar personas preparadas para innovar, adaptarse y construir valor en contextos cambiantes.
Finalmente, también se debatió sobre uno de los problemas históricos de la región: la dificultad de coordinación entre el sector público y el sector privado. Muchas veces ambos trabajan con tiempos, incentivos y lógicas completamente distintas. Mientras el sector privado necesita previsibilidad y capacidad de planificación, el sector público suele operar condicionado por urgencias fiscales, burocracia o cambios políticos permanentes.
Por eso resulta fundamental fortalecer espacios técnicos, permanentes e interdisciplinarios de articulación, donde dialoguen especialistas en comercio exterior, fiscalidad, logística, supply chain, tecnología e infraestructura, tanto del sector público como del privado. Los desafíos actuales ya no son sectoriales; son sistémicos. Y allí las cámaras empresariales, universidades y asociaciones profesionales pueden cumplir un rol decisivo: ayudar a construir confianza, compartir información estratégica y generar consensos mínimos sobre competitividad e inserción internacional.
Quizás uno de los grandes desafíos de América Latina no sea solamente económico, fiscal o comercial. Tal vez sea, sobre todo, institucional y cultural. Construir sociedades capaces de discutir estratégicamente hacia dónde quieren ir. Aceptar que ninguna transformación profunda se sostiene únicamente desde la urgencia. Y entender que el desarrollo sostenible requiere algo más complejo que una buena medida aislada: requiere respeto y confianza colectiva.
Por eso valoro especialmente jornadas como estas. Porque antes de reformar, hay que pensar. Antes de ejecutar, hay que consensuar. Y sólo después de construir una visión compartida, llega el momento de hacer.
María José Etulain Sórensen
mje@mje-global.com
María José Etulain Sórensen es Consultora en comercio exterior & estrategias de internacionalización. Asesora de empresas en Argentina y EE.UU. Abogada especialista en derecho aduanero argentino, investigaciones antidumping y gestión de riesgos legales impositivos. Master en Administración de empresas. Miembro de la Customs and International Trade Bar Association (CITBA). Foreign Legal Consultant registrada en el Bar de Florida (EE.UU.) Coordinadora del Comité de Comercio Exterior de la Cámara Argentino Americana de Comercio de Florida (EE.UU.). Direc
Participación como panelista en las Jornadas “Fiscalidad y Comercio Internacional. Desafíos actuales”, organizadas por la Facultad de Derecho de la UBA, el CEDFDT, ADACE y el Grupo Joven del CARI





